| TERTULIA 33 - 1-12-2017 |
Per el afortunado, que le valió a su autor el premio Nobel de literatura en 1917, es, sin lugar a dudas, una de las grandes novelas de la literatura europea de todos los tiempos, aunque hasta hoy no habíamos tenido oportunidad de leerla en castellano.
Escrita a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX, nos sumerge de lleno en la crisis cultural y social que sacude al continente con la irrupción de la modernidad y que no es sino un preámbulo de la crisis de identidad del hombre actual. Por la maestría en la disección de toda una época, la novela de Pontoppidan es sólo comparable a las del alemán Thomas Mann, pero la complejidad de sus personajes y la furia con que se debaten contra su destino la emparentan sobre todo con la obra de Dostievski, el gran novelista ruso.
Nació el 24 de julio de 1857 en Fredericia. Cursó estudios de ingeniería en el Instituto Politécnico de Copenhague y más tarde trabajó como periodista hasta que se pudo dedicar por completo a la literatura. Sus obras muestran su interés por la realidad social y política del campo danés. Sus novela, Alas cortadas (1891-1895), narra la vida de un clérigo; entre los títulos que incluye, se encuentran Emanuel o Los hijos de la tierra (1896), La tierra prometida (1896) y Día del juicio (1895). Su trabajo más importante, la autobiografía Pedro el afortunado (1898-1904), es un alegato contra la educación protestante-burguesa que recibió. El reino de los muertos en 5 volúmenes (1912-1916) describe, en cambio, la década de 1900 a 1910 en Dinamarca, tras la victoria en 1901 del partido liberal.
Compartió elPremio Nobel de Literatura de 1917, "Por sus auténticas descripciones de la vida moderna en Dinamarca" con su compatriota Karl Gjellerup.
Henrik Pontoppidan falleció el 21 de agosto de 1943 en Copenhague.
Crónica de la 33ª tertulia celebrada el 1 de diciembre de 2017 en el hotel Estrella Albatros. Escrita por Llou.
A veces la vida nos da sorpresas, e incluso sorpresas agradables. El descubrimiento de “Per el afortunado” y de su autor Henrik Pontoppidan fue completamente casual, y hasta milagroso: hojeando en la Feria del Libro la novela “Hambre” de Knut Hansum, autor noruego que propuso nuestro ilustre Teócrito, el librero me sugirió que si me interesaban los autores nórdicos leyera la novela de Henrik Pontoppidan. El consejo no pudo ser más acertado. El placer que me proporcionó la lectura de “Per el afortunado” fue inigualable. Enfrentarse con un libro de 700 páginas produce al principio cierto reparo, pero en el caso de esta novela esa reserva desapareció prácticamente desde la primera página.
El libro narra la peripecia vital del protagonista que da título a la obra, y más que Per el afortunado podría decirse que se trata de Per el insatisfecho o el inquieto. Y en efecto, el personaje principal no se conforma con dejarse llevar por los acontecimientos y los condicionantes familiares o sociales, sino que toma las riendas de su propia vida y dirige sus pasos dejándose llevar por impulsos a veces contradictorios, pero siempre fieles a lo que le dicta su instinto, aunque en ocasiones parezca ir en contra de lo que aconsejaría la prudencia y la conveniencia social. En el recorrido por la interesantísima vida del protagonista el autor nos ofrece una radiografía detallada de la sociedad danesa de finales del siglo XIX y principios del XX, y por extensión de la sociedad europea de la época. Es una etapa decisiva en la historia de Occidente: la primera revolución industrial y la época de los grandes avances técnicos y científicos que iban a mejorar la vida de las personas; pero también es una etapa en la que se derrumban los valores tradicionales del Viejo Mundo, que habían dado seguridad y estabilidad al individuo.
En este contexto el protagonista es representativo del hombre de su época: es un ser desorientado, perdido, desarraigado, en constante búsqueda de su identidad personal, no tan alejado del hombre actual, como podemos constatar. Habiendo nacido en el seno de una familia religiosa tradicional, hijo de un pastor protestante, como el propio Pontoppidan, el protagonista se enfrenta a la autoridad paterna y rompe los lazos familiares de una manera tan 2 abrupta que al lector le puede provocar incluso cierta repulsión por la ausencia de afectividad que demuestra, que nos resulta antinatural. Sin embargo, la influencia de la religión y de la familia sobre el protagonista es fundamental: prueba de ello es la importancia que tiene en el relato tanto la muerte del padre como de la madre. En el entierro del primero Per se da cuenta de que la austeridad del padre, que había sido motivo de vergüenza para él, en realidad se había convertido en una lección de coherencia que había suscitado la admiración y el respeto de la sociedad. Y en cuanto a la muerte de la madre, a partir de este acontecimiento el protagonista da un giro radical en su vida, iniciando una nueva relación sentimental y emigrando al campo. En su camino por la vida el protagonista se encuentra con multitud de personajes que le facilitan o dificultan sus objetivos. Y es precisamente en la descripción de esos personajes en lo que Pontoppidan despliega una maestría indiscutible: como sucede con los grandes escritores, esbozando los trazos esenciales es capaz de desentrañar el alma de los personajes. Sirva como muestra la magistral descripción que hace de Jakobe, uno de los personajes clave de la novela, representativa de la nueva mujer fuerte e independiente: “No podía negarse que la nariz era demasiado grande; los labios, demasiado finos; la boca, demasiado ancha, pero aquellos ojos tenían una mirada inolvidable, orgullosa y tímida a la vez, marcada por la soledad y la inmensidad de los sueños”. Pero Pontoppidan no se limita a crear unos personajes y diseccionarlos sino que sus personajes son representativos de los grupos sociales y religiosos de su época, reflejando con toda precisión los conflictos y las tensiones existentes entre los partidarios de mantener los valores tradicionales frente a los precursores de la modernidad: no podemos olvidar en tal sentido personajes tan importantes como el pastor Blomberg, representante de la visión grundvigiana del protestantismo, que se convierte en su suegro; Salomon, el mecenas judío amigo de Per y que le ayuda incondicionalmente; el doctor Nathan, que es una trasposición de Georges Brandes, pensador de origen judío excluido de la Universidad en Dinamarca por defender la libertad de pensamiento. Y no debemos dejar de mencionar al pastor Fjaltring, representante de la corriente 3 kierkegaardiana, con esa visión exaltada y extremista de la religión, pero cuya pasión no deja de despertar la admiración de Pontoppidan. No en vano Pontoppidan recibió el Nobel en 1917 por haber sabido reflejar la sociedad danesa de su época, si bien el cuadro que presenta es mucho más amplio pues no se restringe a Dinamarca. Dentro de este panorama el personaje principal renuncia a la comodidad que le otorgaría aceptar los convencionalismos de su origen familiar, e incluso se permite rechazar los favores de los que ostentan el poder económico, y tiene la valentía de buscar y elegir su propio destino, equivocándose unas veces y acertando otras, pero intentando siempre ser fiel a sí mismo y encontrando finalmente su lugar en el mundo.
Llou, 10 de junio de 2018