| TERTULIA 32 - 29-9-2017 |
La historia que nos cuenta esta novela es de un hombre, Saleem Sinai que ante un envejecimiento corporal prematuro decide contar su historia y la de su familia remontándose al momento en que su abuelo terminó sus estudios y volvió a su pueblo siendo un hombre nuevo. Este sería el inicio de todo, nos contará como sus abuelos se conocieron, como llegaron sus padres a casarse y cómo fue su infancia siendo un niño especial con el don de la telepatía. No tiene mucho más sentido contar más del argumento ya que este solo se puede comprender de forma global porque el retrato de esta historia está lleno de hechos cotidianos con distinto grado de importancia u otros más extraordinarios que es mejor descubrir al leerlos. La historia abarca desde 1919 hasta 1978 momento en que Saleem tiene 30 años. Está escrito en primera persona y existen constantes alusiones al lector, a sí mismo y a Padma a quien a su vez está contando la historia. Sus recuerdos abarcan hasta que está a punto de cumplir los treinta y un años. La prosa de Salman Rusdhie es consistente, densa y elaborada. Utiliza frecuentemente frases muy largas y muchas palabras en hindi salpican los párrafos. Constituye un relato poco lineal que mezcla lo real con lo imaginario aportando fantasía y leyendas a la historia real. A través del relato podemos conocer una pequeña parte de la historia de la India, la matanza de Amritsar, el asesinato de Ghandi o la formación del primer gobierno independiente y la elaboración de la Constitución. Pero también viviremos pequeños conflictos como revueltas populares y situaciones difíciles para la población, injusticias, estrecheces económicas, engaños, etc. De esta forma nos encontramos una cierta imagen de la soledad, la perdida y el dolor de todo un pueblo. Supone una gran diatriba que critica el racismo y la xenofobia en un país donde existen tantas castas como tonos de color de piel. También se puede apreciar el rechazo de Rushdie a la intolerancia religiosa y social. Aparte de la crítica que realiza al gobierno sobre todo de Indira Ghandi quien es la que sale más perjudicada. En la India fue prohibida por las duras críticas que el libro contiene al gobierno de Indira Ghandi.
Ahmed Salman Rushdie nació en Bombay el 19 de junio de 1947, solo dos meses antes de que la India se independizase del dominio colonial británico, en una acomodada familia de cachemires de cultura musulmana, aunque su padre, Anis Ahmed Rushdie —un hombre de negocios que había estudiado en Cambridge no era creyente. Su madre, Negin Butt, era maestra. En su hogar se hablaba tanto inglés, la principal lengua de cultura de la joven nación india, como urdú. A los catorce años, en 1961, Rushdie fue enviado por sus padres al Reino Unido, donde estudió en Rugby School, uno de los más prestigiosos internados británicos. Allí fue atormentado por sus compañeros a causa de su origen indio y de sus escasas dotes deportivas.2 Más tarde estudió en el King's College de la Universidad de Cambridge, donde obtuvo la maestría en historia en 1968 En 2004 se casó por cuarta vez con la conocida modelo y actriz india Padma Lakshmi, de la cual se divorció en 2007. "Nunca me consideré un escritor preocupado por la religión, hasta que una religión empezó a perseguirme", afirma en su artículo El problema de la religión, en el que agrega que el problema no reside solo en el integrismo islámico sino también en el fanatismo cristiano encarnado en la figura de Tony Blair, y en el gobierno estadounidense de George W. Bush. Además, se ha mostrado en contra de la ley que prohíba "la incitación al odio religioso", por considerarla extremadamente restrictiva y contraria a la libertad de expresión. Pese a ser votante del laborismo, se ha referido a Blair como un primer ministro autoritario. Por otra parte, Rushdie ha señalado que una sociedad libre y civilizada debería ser juzgada por su disposición a aceptar la pornografía, y que su situación en la cultura musulmana (censurada y prohibida en varios países) es el resultado de la segregación de sexos y discriminación de las mujeres.
Crónica de la 32ª tertulia celebrada el 29 de septiembre de 2017 en la casa de Aldealengua de Varoufakis. Escrita por Gran Timonel.
Anunciada la ausencia de Alá, y el restraso de Teócrito de Añover, de viaje de trabajo en Madrid (para qué coños iría a Madrid!!!!) convinimos una hora y un punto de en cuentro en el inicio de la Avenida de Comuneros a las 18,45.
Milagrosamente para estar en el país que estamos, todos llegamos puntuales, aunque El Mando, como es habitual en él, apareciera con antelación y utilizara ese breve espacio de tiempo en la lectura de inconfesables textos, sentado en un banco de la cerana Alamedilla. En dos coches viajamos hacia lo desconocido, puesto que la mayor parte de los contertulios, ignorábamos el lugar de reunión. No hubo sorpresas y en un caserón amplio nos encontramos con la hospitalidad de Varoufakis y su consorte con todo dispuesto y preparado para dar inicio a nuestra tertulia. Mencionar, antes de entrar en materia literaria, que las viandas dispuestas para la ocasión fueron abundantes, rayando lo excesivo, si bien lo espaciado del tiempo y la charla animada, permitieron que en la mesa quedara poco donde rascar. ¿El vino? No llevé la cuenta, pero el trasiego de botellas fue el habitual en nuestras reuniones.
Tan despacio y calmado se hizo el inicio de la Tertulia, que dimos tiempo a Teócrito a llegar desde la Villa y Corte para que pudiera participar en la elección del próximo título para la edición 33ª de nuestra periódico reunión. Con una mayoría holgada, fue elegido el título propuesto por Llou Per el afortunado del premio Nobel de literatura Henrik Pontoppidan.
¿Qué decir de lo que se habló durante la reunión del libro Hijos de la medianoche? Mucho y variado. No todos los contertulios terminaron a tiempo la novela, si bien, hubo mayoría en definirla como una gran obra, una obra monumental de exigente lectura, no apta para todos los tipos de lectores. Se reconoció la maestría del autor, no solo en su habilidad en la escritura, sino también en la construcción de historias entrelazadas en las que mezcla hechos históricos con sucesos extraordinarios. Acabada formalmente la parte de la Tertulia destinada a comentar el título seleccionado, Teócrito nos obsequió con una lectura de versos de Ángel González con su peculiar estilo de rapsoda. menos mal que Gran Timonel enderezó el rumbo y pudieron escucharse los versos con decoro mínimo que tan gran poeta merece. Era la una larga de la madrugada cuando abandonamos Aldealengua a la espera de la próxima Tertulia, cercanas ya las fiestas navideñas.