| TERTULIA 4 - 5-10-2010 |
Saki, seudónimo de H.H. Munro, es para Graham Green el más grande humorista inglés del siglo XX. Macabro, ácido y divertido, todos sus cuentos son un ejemplo de brevedad y eficacia, ya sean humorísticos o de terror. Cada cuento de Saki es como un cuchillo lanzado al intelecto del lector, ya sea para provocar su risa o moverle al espanto. No es de extrañar que dos de sus más ilustres discípulos sean Tom Sharpe y Roald Dahl. Según Tom Sharpe: «Si empiezas un relato de Saki, lo terminarás. Cuando lo hayas terminado, querrás empezar otro; y cuando los hayas leído todos, jamás los olvidarás». Borges, gran lector de Saki, decía: «Con una suerte de pudor, Saki da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel. Esa delicadeza, esa levedad, esa ausencia de énfasis puede recordar las deliciosas comedias de Wilde».
H. H. Munro nació en Akyab, Birmania. Era hijo de Charles Augustus Munro, inspector general de la policía birmana, cuando este país pertenecía aún al Imperio Británico. Su madre, de soltera Mary Frances Mercer, murió en 1872, corneada por una vaca. Este incidente pudo tener influencia en sus relatos. Su niñez se trastocaría al ser después trasladado a Inglaterra con unos parientes puritanos de personalidad severa e intransigente, la convivencia con los cuales amargaría para siempre su carácter. Algún indicio de esto se observa en su famoso relato "Sredni Vashtar". Munro fue educado en el Pencarwick School de Exmouth, y en el Bedford Grammar School. En 1893, siguiendo el ejemplo de su padre, ingresó en la policía birmana. Tres años más tarde, su mala salud le obligó a regresar a Inglaterra. Su primer libro fue una obra histórica sobre el imperio de Rusia. Trabajó como periodista en diversos periódicos de Londres, oficio que le permitió vivir mientras escribía cuentos y novelas. Sus últimas palabras, de acuerdo con distintas fuentes, fueron: "Put that damned cigarette out!" ("¡Apagad ese maldito cigarrillo!"). Frase que se le escuchó decir desde una trinchera durante la Primera Guerra Mundial, dado que Munro se alistó en el ejército al comenzar la misma, a pesar de no tener edad que lo obligara a ello. Fue a Francia como sargento de los Fusileros Reales, y las ya citadas últimas palabras acontecieron en la mañana del 13 de noviembre de 1916, durante la batalla de Beaumont Hamel. Después de su muerte, su hermana Ethel destruyó la mayor parte de sus papeles, redactando seguidamente su versión particular de la historia familiar. H. H. Munro nunca contrajo matrimonio.
Crónica de la cuarte tertulia celebrada el 15 de octubre de 2010 en Don Quijote. Escrita por Gran timonel
Esto de la Tertulia Literaria “Desde Añover”, se viene repitiendo desde que el año pasado(¡ por fin !) confluyeron los astros en tal inverosímil posición, que de no haberse producido la citada reunión, algún mal literario habría acaecido. El caso es que en esta cuarta cita literaria, como siempre, unos llegaron antes y otros, después. Algo que resulta obvio, a menos que se produjera la simultaneidad en la llegada de los contertulios, algo que es harto improbable, por más que Teócrito y Pemán suelan presentar excusas de lo más variopinto, algunas con algún otro indicio de veracidad, para disculpar su habitual falta de puntualidad, si bien hay que decir que Teócrito, en el primer encuentro celebrado, no sólo fue puntual, sino que llegó antes que nadie. La verdad por delante.
Tiquis, encargado de la elección del lugar del encuentro a fin de expiar su pecado de “aplazamiento de cita”, erró el tiro. Bien sé que recibió la inestimable ayuda de Teócrito, pero ni aun así acertaron mínimamente y ya sobre la marcha, rectificaron y a mi modesto parecer, acertaron. El lugar, si bien puede haberlos mejor acondicionados para nuestros fines, ofrecía mayores ventajas que los precedentes. Así pues, a falta de mejores ideas, Don Quijote en Serranos 28 puede valer para futuras Tertulias.
Y entrando en materia sobre la obra elegida, pude deducir, por lo expuesto sobre la mesa, bien aprovisionada de vino y jamón, que el tal Saki, no fue del agrado de la concurrencia, si bien se valoraron muy positivamente algunos cuentos. Lógico es pensar que en un puñado de cuentos, unos gusten más que otros. Incluso que haya algunos, que los hay, que tengan agarradero visible para poder echarle mano. Sin embargo, y haciendo bueno ese sentir de que no hay libro malo, se puede decir que a pesar de la ausencia de entusiasmo por el título, llego a la conclusión de que “otros vendrán que bueno te harán” o lo que es lo mismo, no será el peor de los libros elegidos que a buen seguro irán llegado merced a la ¿sabia? elección de los contertulios.
Del libro se habló y algunas cosas se dijeron. Más de lo que en principio cabía imaginar, porque el caso es que a los comentarios negativos iniciales tomando el libro en su totalidad, se fue añadiendo algún que otro elogio de cuentos concretos, de resolución brillante e ingeniosa, en fin, disculpando al autor por no haber nacido en nuestra época, porque a buen seguro los protagonistas de sus cuentos habrían sido personajes del candelero más actual. En resumen, y como se diría en crítica taurina, el toro fue de menos a más, cuajando una faena discreta galardonada con una ovación.
Hay que resaltar también que Pemán, preocupado como está de la actual situación de la España de nuestras entretelas, quiso, no sé si para llenar el hueco que presumía aparecería en la exposición de los cuentos de Saki, o por intentar calentar la Tertulia, poner sobre la mesa un tema controvertido donde los haya: ¿Cómo ve usted la situación actual de nuestra querida España?
Ahí es “na”. El caso es que, afortunada o desgraciadamente el tema pasó de puntillas, quizás porque nos ocupamos en demasía de Saki o porque no nos atrevimos a nombrar la bicha y calle de Serranos arriba, nos encaminamos a la cena de El Grillo Azul, con bautizo incluido, porque ni Don Julio ni Don Enrique habían catado las excelencias de un vegetariano (al restaurante me refiero ciertamente), ni ortodoxo ni heterodoxo. Y aunque entraron recelosos, no creo equivocarme al decir que salieron sorprendidos de la nueva experiencia gastronómica.
¡ Y qué decir del epílogo ¡ En el Tío Vivo con actuación en vivo, cruzando el proceloso océano de carne con cubata, rozándonos con la muchedumbre para alcanzar la dicha de un metro cuadrado ¿Para cada uno? Noooo, ¡ para los cinco !
Esperemos que la próxima cita en el Tio Vivo sea menos “apretá”.