TERTULIA 2 - 18-3-2010

Identidades asesinas es una denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión. Una locura que recorre el mundo de hoy desde Líbano, tierra natal del autor, hasta Afganistán, desde Ruanda y Burundi hasta Yugoslavia, sin olvidar la Europa que navega entre la creación de una casa común y el resurgir de identidades locales en países como el Reino Unido, Bélgica o España.

Desde su condición de hombre a caballo entre Oriente y Occidente, Maalouf intenta comprender por qué en la historia humana la afirmación de uno ha significado la negación del otro. Pero al mismo tiempo rechaza la aceptación resignada y fatalista de tal hecho. Su mensaje es que se puede ser fiel a los propios valores sin verse amenazado por los de los demás. Ejemplos históricos, filosóficos y religiosos ilustran su teoría.

Cuando a Maalouf se le pregunta si se siente más libanés o más francés él responde que por igual. Y no lo hace por diplomacia: "Lo que me hace ser yo mismo y no otro -dice Maalouf- es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Ésa es mi identidad...". Identidades asesinas es un canto al ciudadano frente a la tribu, una llamada a la tolerancia.

Amin Maalouf nació en Beirut (Líbano) en 1949 en el seno de una familia árabe católica. Hijo de Ruchdi Maalouf, poeta, pintor y periodista, estudió economía, política y sociología y, siguiendo una larga tradición familiar, se dedicó al periodismo. Trabajó en el diario An Nahar como responsable de la sección de Internacional y viajó por países como India, Bangladesh, Etiopía, Somalia, Kenya, Yemen y Argelia, en algunos casos como corresponsal de guerra. En Vietnam fue testigo de la batalla de Saigón. En 1975, tras el estallido la guerra del Líbano y al igual que alguno de sus personajes, Maalouf también se exilió a Francia, donde vive con su familia desde entonces y donde durante algún tiempo ejerció como periodista en las publicaciones Jeune Afrique y An-nahar Arabe et International.

Crónica de la segunda tertulia celebrada el 18 de marzo de 2010 en la Regenta. Escrita por El Mando

 

La tertulia literaria "Desde Añover" se ha consolidado como una de las citas con las letras más serias y doctas de la capital Salmantina tras su segunda reunión del pasado mes de marzo.

Después de una primera cita a finales de año que sirvió para tomar el pulso a los ánimos de los asistentes y testar la viabilidad de la propuesta hecha por el autoproclamado y recientemente depuesto coordinador, Teócrito, los contertulios hicieron gala de un excepcional sentido del deber al llevar el libro propuesto, "Identidades Asesinas" de Amin Maalouf, completamente leído e incluso subrayado y con notas al margen. Atrás quedaban las dudas y los temores propios de aquel primer encuentro que superó con creces las expectativas iniciales y la franca camaradería se adueñó, una vez más, de una mesa algo barroca y poco iluminada del local "La Regenta". 

Se abrió la sesión con la elección de lectura para la siguiente convocatoria con una oferta variada en la que abundaban los clásicos de la lengua castellana para tomar el relevo a los foráneos según la norma de alternancia pactada. Lo que no estaba pactado fue el bochornoso intento de pucherazo que Don Ángel quiso perpetrar para llevarnos al huerto de la mano de Pepita Jiménez. Afortunadamente se descubrió la trama a tiempo y después de revisar la votación se convino en aceptar la novedosa proposición del que suscribe consistente en la lectura del libro "Historias de Castilla la Vieja" del recientemente fallecido Don Miguel Delibes y la elaboración por parte de cada uno de los presentes de una narración corta que retratara la esencia de la Castilla conocida a través de una historia vivida u oída a los mayores.

Puesto fin al incidente tras la llamada al orden de el Gran Timonel, nuevo coordinador, y para ir entrando en materia, Pemán, desde el sillón que ocupara su tocayo y antepasado, Don José María Pemán y Pemartín,  invitó a poner nota de forma anónima al libro del señor Maalouf;  y le salió bien la jugada pues, como quería demostrar para corroborar una hipótesis que ocultaba, el libro objeto de análisis no pasó del seis. Para Don Julio, que comenzó el turno de debate, el ensayo adolecía de una exposición demasiado analítica, casi matemática, si bien abundaba en experiencias y mostraba la vasta cultura del autor. Tampoco fue del agrado del tribunal literario la solución al problema que planteaba: aunque hubo acuerdo en que la democracia es un factor clave para el progreso de cualquier cultura, la solución para diluir las identidades de pertenencia conflictivas por razones de religión, raza o nacionalidad, identidades asesinas, no debería quedarse en la simple representación parlamentaria de los grupos minoritarios. A juicio de los ponentes, no se puede pasar por alto la necesidad de una formación previa basada en el principio de una educación universal, exenta de prejuicios, nacionalismos e imposiciones religiosas, que permita la convivencia pacífica de oriente con occidente sin difuminar las identidades particulares de cada cultura y cada pueblo, garantice los derechos humanos y posibilite la igualdad de oportunidades. De todo lo dicho queda, a modo de muestra y de guía, un boceto del mapa de las identidades asesinas elaborado por el autor de esta crónica al que se han añadido las observaciones aquí expuestas.

Se cerró la sesión con una cena en una tratoria de cocina italiana, por eso de conocer otras culturas serias, y se remató con una copa en un Capitán Haddock un poco soso sin la música en directo. Como colofón de la estupenda velada, Pemán obsequió a sus acompañantes con unas magníficas copias piratas de unas de esas músicas que invitan, cuando menos, a la ensoñación y, cuando más, directamente al fornicio; como si a don Ángel y a mí nos hiciera falta. (Ver gráfico en el apartado Documentos de la pestaña Diversos)