| TERTULIA 1 - 18-12-2009 |
Francisco Ayala recorre su dilatada experiencia vital en las páginas de este libro de memorias, revisado en varias ocasiones, no en vano, el autor alcanzó la edad de 103 años. Narrador, crítico social y agudo ensayista, Francisco Ayala ha participado durante su vida en las peripecias de una historia agitada y llena de convulsiones, de la que se halla en condiciones de rendir cumplido testimonio desde su personal perspectiva y con la sinceridad del intelectual que, frente a aquello que opina ser verdad, no admite compromisos ni se acoge a subterfugios.
RECUERDOS Y OLVIDOS reúne completas las tres entregas en que Ayala divide sus memorias. Si la primera parte -«Del paraíso al destierro»- abarca desde su infancia hasta el final de la guerra civil, y la segunda -«El exilio»- rememora los años durante los cuales el autor, tras la catástrofe española, se vio obligado a rehacer su vida en Argentina, Brasil y Puerto Rico, la tercera recoge sus años de estancia en los Estados Unidos, dedicados a la enseñanza en prestigiosas universidades, y sus reencuentros, a partir de 1960, con el país que abandonara veinte años atrás.
Nació en Granada el 16 de marzo de 1906. Primogénito del matrimonio formado por Francisco Ayala Arroyo y Luz García-Duarte, su abuelo materno, el eminente médico Eduardo García Duarte, había sido rector de la Universidad de Granada.
A los dieciséis años se trasladó a Madrid, donde pronto entró en contacto con los grupos literarios de vanguardia y empezó a colaborar en importantes revistas del momento como La Gaceta Literaria y Revista de Occidente. En esos años publicó sus primeras novelas y dos volúmenes de relatos vanguardistas (El boxeador y un ángel y Cazador en el alba), así como Indagación del cinema.
Durante la década de 1930 y tras una estancia para ampliar estudios en Berlín, obtuvo el doctorado y ganó las oposiciones a Letrado de las Cortes y, más tarde, a catedrático de Derecho Político. En la guerra civil (1936-1939) sirvió como funcionario de la República, entre otros desempeños, en tareas diplomáticas desde la legación de España en Praga. Al acabar la guerra se instaló con su mujer e hija en Buenos Aires, donde retomó su dedicación a la literatura. Excepto el año de 1945, que pasó en Río de Janeiro, vivió en Argentina hasta 1949; allí se relacionó con el círculo de la revista Sur, y fundó Realidad. Revista de Ideas. En 1950 se trasladó a San Juan de Puerto Rico, en cuya universidad enseñó sociología, además de dirigir el departamento editorial y crear una nueva revista, La Torre. Las dos últimas décadas de su exilio transcurrieron en Estados Unidos, donde ejerció como profesor de literatura en las universidades de Princeton, Chicago y Nueva York, entre otras, hasta su regreso definitivo a España en 1977.
Francisco Ayala, que también fue traductor y editor y nunca dejó de colaborar en la prensa diaria, es autor de una extensa obra ensayística y literaria en la que caben el ensayo sociológico (Tratado de sociología, Razón del mundo), los estudios literarios (El escritor en su siglo, Las plumas del fénix), libros de relatos (Los usurpadores, La cabeza del cordero), novelas (Muertes de perro y El fondo del vaso) y obras singulares como El jardín de las delicias (premio de la Crítica), que, junto con sus memorias, Recuerdos y olvidos (1906-2006), le valieron el reconocimiento de estudiosos y lectores y su plena reincorporación a la vida cultural española.
Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1983; en 1984 ingresó en la Real Academia, y en los años sucesivos su obra fue distinguida, entre otros, con los premios Cervantes y Príncipe de Asturias de las Letras. En 2006, convertido en un clásico vivo, Francisco Ayala tuvo la oportunidad de asistir a los actos de conmemoración de su centenario. Falleció en Madrid el 3 de noviembre de 2009, a los ciento tres años de edad.
Crónica de la primera tertulia celebrada el 18 de diciembre de 2009 en la Regenta. Escrita por Pemán.
En tierra de Justo Pava(1), mi tío Fredesvinto, coronel de infantería, todas las tardes leía a Virgilio en latín, sentado en un poyo, debajo de una higuera, en un corralón al pie del caño abajo y en rítmico multiproceso.
Mucho tiempo antes de que hubieran nacido esos tipos que se llaman informáticos, que van a trabajar a los Montes de Piedad vestido con traje 5th Avenue, Fredesvinto había inventado y sobre todo ejercitado el multiproceso. Devoraba textos latinos: la Eneida, las Bocólicas, las Geórgicas, … y simultáneamente trasegaba vinum con un cacillo de barro desde una damajuana de a cántaro que protegía entre las piernas, hasta el gargero. Cuarenta años después, me invitan a una tertulia para… ¡y yo qué sé para que me invitan!, si se suponía que iba a ser un concilio que tras escudriñar en los recuerdos y olvidos de Don Francisco Ayala, lanzara un manifiesto que dejara definitivamente zanjado el asunto de las dos Españas, y mira por cuanto, antes de darme cuenta me encuentro con cuatro caballeros, casi a oscuras, sentado en un trono, en torno a una mesa redonda, y alrededor de una vela pizarrosa, ¡vamos!; como el mismísimo Arturo. La vela ilumina un plato en el que brillan unas irisaciones plateadas, acerco las napias porque veo poco y hay poca luz, y ¡zas!; la respuesta: ¡estos tíos se están comiendo un jamón!, es fácil imaginar el contenido de las copas que rodean el plato: ¡vinum!
Ya estamos, ya estamos igual que Fredesvinto; multiprocesando. De los cuatro caballeros, tres me son sobradamente conocidos: "Dodotis", "Tiquismiquis" y "el USB". Dodotis es un hombre serio que siempre cumple con lo que se compromete aun cuando su déficit de sueño supera ampliamente el déficit público de las Cuentas Nacionales de nuestra querida España, ¡qué ya es superar! Se leyó el libro enterito pero, a la luz de sus aportaciones, asimiló poco, cosa que no es de extrañar dado que: después de bregar cada día con dos empresas, y dos chiquitines -uno de los cuales todavía se caga- ¡oiga usted!, ¿quién tiene fuerzas para leer los recuerdos y olvidos del Sr. Ayala en edición de bolsillo? Pues Dodotis, aunque exhausto, llegó al final. Tiquismiquis es un hombre muy inteligente pero lo pierde el exceso de análisis. Afortunadamente no se leyó el libro. Si así hubiese sido el resto de los presenten se habían enterado lo que es la tautología ¡No saben ustedes lo que da de sí el razonamiento deductivo! EL RESTO DE ESTA CRONICA HA SIDO CENSURADO POR TEOCRITO DE AÑOVER. SIC. _______________________
Cien años antes de que Silicon Valley ni siquiera sospechase lo que podría llegar a ser, en un pueblo del Vale de Coelha -Valle de los Conejos- vivía Justo Pava, hombre dedicado al I+D+I que pasó su vida investigando el movimiento continuo. Para algunos lo descubrió pero no lo reveló, para otros estuvo a punto y para la mayoría estaba como un cencerro, pero lo cierto es que si hubiese dado a conocer el invento, Silicon Valley seguiría siendo lo que siempre fue: un turrutero de ofidios, y el valor de las cortinas que me dejó mi madre en herencia en Vale de Coelha, resolverían el problema económico a media Polonia; que falta le hace.
El vinum lo compraba en Castillejito de dos Casas -actualmente dos es cero-, en casa de un vinatero que, a su vez, compraba la mercancía al productor más barato de donde estaba más barato el género, esto es; en Tierra de Barros. El vinum no estaba para catas. Ruego a mis contertulios me recuerden que en el próximo concilio, les cuente el suceso en el que ejercí de funerario, al mando del coronel de infantería Tato, cuñado del susodicho Fredesvinto, que también practicaba el multiproceso, y ¿cómo? Porque precisamente, yendo a rellenar la damajuana falleció el suegro del vinatero, y hubo que trasladar el cadáver en la cucaracha del coronel, desde el huerto donde aconteció el óbito hasta el lecho mortuorio. Mi función principal, pero no única, consistió en sujetar la inquieta cabeza del difunto durante el tortuoso trayecto.