TERTULIA 35 - 30-11-2018
El ardor de la sangre constituye todo un hallazgo que confirma a Irène Némirovsky entre los autores europeos más destacados del siglo xx. Todo ocurre en una tranquila villa de provincias francesa, a principios de los años treinta.

Silvio, el narrador, ha dilapidado su fortuna recorriendo mundo. A los sesenta años, sin mujer ni hijos, sólo le queda esperar la muerte mientras se dedica a observar la comedia humana en este rincón de Francia donde, aparentemente, nunca sucede nada. Un día, sin embargo, una muerte trágica quiebra la placidez de esa sociedad cerrada y hierática. A partir de allí, emergen uno tras otro los secretos del pasado, hechos ocultados cuidadosamente que demuestran cómo la pasión juvenil, ese ardor de la sangre, puede trastornar el curso de la vida. Como en el juego de las cajas chinas, las confesiones se suceden hasta llegar a una última y perturbadora revelación. Con un tono intenso y sosegado, Némirovsky utiliza el espejo sereno y frío de la edad madura para reflejar el impulso fogoso y los excesos de la juventud, en agudo contraste con el sofocante ambiente provinciano de sobreentendidos, sospechas y silencios que la autora describe con esa particular mezcla de lucidez y compasión que caracteriza su obra.

Irène Némirovsky era hija de un banquero judío ucraniano, Léon Némirovsky. Fue educada por una institutriz francesa de modo que el francés fue prácticamente su lengua materna. También hablaba ruso, polaco, inglés, vasco, finés y yiddish. En diciembre de 1918, después de que los bolcheviques pusieran precio a la cabeza de su padre, la familia de Irène escapó de la revolución rusa y permaneció un año en Finlandia. En julio de 1919, llegaron a Francia. Irène, de 16 años, pudo retomar sus estudios y obtuvo en 1926 la licenciatura en Letras en la Sorbona. A los 18 años comenzó a escribir.. En 1926, Irène Némirovsky se casó con Michel Epstein, un ingeniero transformado en banquero; tuvieron dos hijas: Denise, en 1929 y Élisabeth, en 1937. La familia Epstein se instaló en París.

En 1929 envió su primera novela, David Golder, a la editorial Grasset. Temiendo el rechazo, no incluyó en el sobre ni su nombre ni su dirección. El editor tuvo que publicar un anuncio en la prensa para poder conocer al autor de aquella obra audaz, cruel y brillante. Su editor, Bernat Grasset, la proyectó entonces en los salones y medios literarios. Esta novela fue apreciada por escritores tan diferentes como Joseph Kessel, que era judío, o Robert Brasillach, que era antisemita. De su novela se hicieron en 1930 adaptaciones para el teatro y el cine. En 1930, El baile narra el difícil paso de una adolescente a la edad adulta. La adaptación al cine sería la revelación de Danielle Darrieux. Irène Némirovsky se transformó en una consejera literaria, amiga de Joseph Kessel y Jean Cocteau. Siendo una escritora en lengua francesa reconocida e integrada en la sociedad francesa, el gobierno francés, sin embargo, rechazó su petición de nacionalización en 1938, en una actitud de antisemitismo. Finalmente, el 2 de febrero de 1939, ella y toda su familia se convirtieron al catolicismo. Víctimas de las leyes antisemitas promulgadas en octubre de 1940 por el gobierno de Vichy, Michel no pudo trabajar más en la banca y a Irène le impidieron publicar. Se refugiaron entonces enIssy-L-Évêque, donde habían mandado a sus hijas en 1939 junto a la familia de su niñera. Irène se dedicaría a escribir aunque no podía publicar. Ella y su marido llevaron la estrella amarilla. El 13 de julio de 1942, Irene fue arrestada por la gendarmería francesa e internada en el campo de Pithviers; muy pronto sería deportada a Auschwitz, donde murió de tifus el 17 de agosto de 1942.

Crónica de la 35ª tertulia celebrada el 16 de junio de 2018 en el Restaurante La Aldaba. Escrita por el Galeno.

El ardor de la sangre es una novela corta y sencilla de leer. Amena y cercana para el lector. Ambientada , de forma magistral, en una zona rural del interior de Francia de las primeras décadas del siglo XX, de aparente tranquilidad (“los días se arrastran y los años vuelan”) y con costumbres muy marcadas por el clima adverso que en ocasiones dificultará las relaciones sociales de sus habitantes. Silvio es a la vez narrador y protagonista de alguno de los hechos que se exponen. Desde la experiencia vital que le otorga la séptima década de su vida y una vida “en solitario”, nos describe la amnesia generacional del ser humano, olvidando o tratando de olvidar unos hechos (el impulso juvenil, la “locura” de la pasión) que se repiten y que cada persona debe experimentar por sí misma como parte del aprendizaje vital (“el mejor favor que podemos hacerles es dejar que ignoren nuestras experiencias”,”los hijos deben vivir y sufrir por sí mismos”). El narrador justifica y anhela ese impulso (que permite que un ser humano se sienta vivo) frente a las reglas del buen comportamiento social (que permiten la convivencia, la costumbre y el paso inexorable del tiempo sin vivirlo). Los personajes son grises y anodinos aparentemente, aunque durante el transcurso del relato irán cobrando fuerza y vida propia, desvelándose sus íntimos secretos y pretensiones. Su prima Helene y su marido Francois, aparentan hacer una buena pareja, su relación sin contratiempos es expuesta como canon de felicidad. Al final de la obra queda al descubierto una realidad bien distinta. El ardor de la sangre será el responsable de conductas reprobables e infidelidades en la mayoría de los personajes importantes de la obra. La trama se complica con la aparición de Brigitte, “hija adoptiva” de Cecile la hermanastra de Helene, y que a la postre se revela como resultado de un impulso juvenil de Helene y Silvio. Sólo Silvio parece ser capaz de comprender esas “locuras” e incluso de justificarlas. El ritmo de la narración no decae en ningún momento, si bien cobra vida al final, dando un giro sorprendente con el descubrimiento de la relación entre los protagonistas (Silvio y Helene, Brigitte como hija no legítima de su relación, Cecile y Helene), existiendo como dos triángulos superpuestos (Silvio, Helene y Francois; y por otro lado Colette, Brigitte y Marc) de relaciones sentimentales. La narración mantiene un orden cronológico de los acontecimientos, si bien realiza por momentos miradas hacia atrás en el tiempo (flash back) para exponer esos errores que se repiten generacionalmente y que, por estar mal vistos, tratan de permanecer ocultos en la memoria.

Durante la tertulia surgieron dudas razonables sobre la verdadera autoría del texto completo pues, como se afirma a pie de página, el final de la página 48 bien podía ser el final de una novela. Más aún si como apunta algún contertulio, existen varios pasajes donde parece intuirse la presencia masculina en la autoría de la obra. Ej; página 71 describe matices acerca de la forma de beber de los hombres o en la página 145 cuando describe como, tras mantener relación ambos primos y conseguir su “objetivo” él siente que la quiere menos… aspectos que denotan un gran conocimiento del mundo masculino. La discusión está servida.

Es una obra recomendable para cualquier lector, sobre todo para aquellos que quieran iniciarse en la lectura, y cuyo mayor valor reside más en la forma de contar los hechos que en el contenido de los mismos. Literatura en el estricto significado de la palabra. El Galeno.