TERTULIA 12 - 28-9-2012

El libro es la historia de un drama familiar, una cara que se extiende a otros personajes desnudados en su interior y que son como aristas de un conjunto, los amigos, los familiares, la esposa- Ir viendo lo que hay detrás de la fachada, como infidelidad, debilidad, apariencias, soledad, miedo, desequilibrio, y lo peor, sentir que todo es más endeble de lo que parece, que el esfuerzo a veces no alcanza a cumplirse como debe, como se nos ha dicho, como lo hemos intentado tan tenazmente, y hace falta una gota hinchándose cada vez más para sentirnos ahogados y desvalidos –en el libro ir incrementando el conocimiento sobre los trapos sucios de los Levov (un tótem que algunos quieren destruir, anhelo que lastimosamente lo anhela su hija), junto con quienes son, como piensan, actúan, como se han hecho y hacia dónde van en el temor de una (sutil) decadencia-, tanto como que lo irracional puede colarse en tu vida, roernos pensando en alguna culpa, y de que hay asuntos complicados y duros que nos hacen contradictorios y que se nos van de las manos.


A simple vista parece que Roth no tuviera pretensiones trascendentales pero nos damos cuenta que desde luego que las tiene, que procesamos el libro de inconmensurable pero que aparenta no serlo, detrás de su transparencia y sin perder su cualidad de relato, donde podemos ver además muchas emociones primarias y una telaraña compleja sobre ellas (mientras su protagonista razona impenitentemente), las de un padre cualquiera, las de un ser humano modelo que esconde también imperfección y sufrimiento, una figura que nos remite a algo actual a la que la mayoría se adscribe pero para ver solo el cartel y el goce, permitiendo la presente observar al ser detrás del ídolo, y eso nos hace pensar en la estrella musical, en el actor de cine o alguien reconocido mundialmente que creemos subyace en la absoluta felicidad (cosa que ya deberíamos entender que al nacer se viene naturalmente mucho a sufrir tanto como a buscar la alegría). Podemos simbolizar a La Gran América a esa vera, la que se hace con los Levov y que debe resolverse frente a las Merry, en manos de un progenitor que no sabe qué hacer para remediar el caos que ella induce, porque la niña gorda, independiente y tartamuda también padece aunque por su propia culpa, por su locura y estupidez como le atribuye a boca de jarro el narrador, la voz de Roth, la de Nathan, la de El Sueco. Ha sido varias veces violada, yace por sus decisiones desamparada, vive en un cuchitril, está expuesta a la violencia, sufre su extremismo, tiene ideas “raras”, es una criminal consumada pero aun así pervive indefensa.

Nació el 19 de marzo de 1933 en Newark (Nueva Jersey). Segundo hijo de una familia judía emigrada de la región europea de Galitzia (Ucrania). Cursó estudios en las universidades de Rutgers, Bucknell y Chicago donde obtuvo el grado de Master en Letras, y trabajó como profesor de Literatura Inglesa. Después, en Iowa y Princeton, enseñó escritura creativa y fue profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Pensilvania. En 1992 abandonó la enseñanza y se dedicó por completo a la literatura.

Su primera obra, Adiós, Colón (1959), después de dos años de estancia en el Ejército, es un libro de relatos sobre la vida de los judíos en Estados Unidos, ganó en 1960 el National Book Award (Premio Nacional del Libro) y también las duras acusaciones con las que cada vez que se edita uno de sus libros, le suelen obsequiar los sectores más conservadores y tradicionales de la comunidad judía; una comunidad a la que el propio escritor americano pertenece.

Sus textos reflejan preocupación e interés por la identidad personal, cultural y étnica con una escritura con capacidad para mostrar una compleja visión de la realidad. Huida (1962), relata la agonía de un joven catedrático judío y expone el debate entre la razón y los sentimientos. Posteriormente publica Cuando ella era buena (1967) y El lamento de Portnoy (1969) una novela de obsesiones y de odios callados de un muchacho judío, es una obra erótica, casi pornográfica, que relata la vida sexual de Alexander Portnoy a través de un monólogo desde el diván de su psiquiatra. El pecho (1972) y La gran novela americana (1974), se orientan hacia la fantasía, Mi vida como hombre (1975) es más introspectiva. El escritor fantasma (1979),Zuckerman (1981) y Contravida (1987) narran las peripecias del protagonista Nathan Zukerman. Posteriormente apareció la novela Decepción (1990) y The Human Stain (2000), novela en la que ofrece una visión actual de los estadounidenses.

Philip Roth ha ganado los principales premios literarios de Estados Unidos: el National Book Critics Circle Award (1987 y 1992), el Faulkner Award (1993 y 2000) y el National Book Award (1960 y 1995). En 1997 le concedieron el Pulitzer por la obra Pastoral americana. Además obtuvo los premios Karel Capek (1994) y Franz Kafka (2001), de la República Checa. Además recibió el Premio Médicis a la mejor novela extranjera (Francia, 2002), el Premio Sidewise para historias alternativas (Reino Unido, 2005) y el Premio Nabokov (EE.UU., 2006). En 2007 recibió el PEN/Faulkner Award for Fiction, por Everyman, y el PEN/Bellow Award. Posee la Medalla de Honor del Club Nacional de Artes (EE.UU., 1991), la Medalla Nacional de las Artes (EE.UU., 1998), la Medalla de Oro de la Academia Americana de las Artes y las Letras (2001) y la Medalla de la National Book Foundation (2002), por su contribución a las letras americanas. Roth ha sido galardonado en 2011 con el Man Booker International Prize. El 6 de junio de 2012 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, tras imponerse en la última ronda de votaciones al autor japonés Haruki Murakami.

Propuesto para el Premio Nobel de Literatura en numerosas ocasiones, sus obras forman parte de la "Library of America", uno de los mayores reconocimientos a que puede acceder un escritor en Estados Unidos.

Contrajo matrimonio con Margaret Martinson, de la que se separó en 1963, y con la actriz inglesa Claire Bloom, de la que también se separó en 1994.


Crónica de la decimo segunda tertulia celebrada el 28 de septiembre de 2012, festividad de San Anemundo de Lyon, Obispo y mártir wn La Toscana. Escrita por Gran Timonel.

Fue una noche de septiembre, recién iniciado el otoño. Llovía y hacía algo de fresco. Yo llegué el primero, como siempre. Aunque he de decir que Silverio entró directamente al lugar de celebración sin que me percatara de su entrada. Al fin y al cabo La Toscana está cerca de su casa. Salí del coche cuando vi a Antonio. Dentro nos reunimos los tres. El resto fue llegando poco a poco y por último, como siempre, Teócrito de Añover. Seymour Irving Levov, el Sueco, no se lo habría tenido en cuenta. Pero nosotros sí, al fin y al cabo somos gente de orden y nos disgusta que la gente se retrase, sobre todo si, como es el caso, es multirreincidente.

Nos acomodamos en la barra hasta reunirnos todos. En el aire se mascaba un no sé qué, una fuerza inexplicable que lo invadía todo. Aunque estábamos todos, lo sé porque el siete es un número que me aprendí bien en mi infancia, sobrevolaba una ausencia. Al principio no le di importancia, después lo descubrí: Nathan Zuckerman debería haber estado allí, compartiendo nuestra cena y tratando de explicar por qué coño abandona la novela sin despedirse siquiera dejando al pobre Sueco, una vez más, con la responsabilidad de hacer frente a siete mendrugos que con ojos inquisitoriales meten las narices en lo más íntimo de su anodina vida. Pero Seymour Levov no se inmuta porque alguien convierta su vida en el centro de atención. Él siempre ha hecho lo correcto, quizás no lo que le habría gustado hacer, pero sí aquello que los están a su alrededor esperan que haga.

Y ante la ausencia de Nathan Zuckerman, los presentes, ya en un comedor austero y sencillo comenzamos a darle las patadas a Philip Roth en el trasero de Seymour Levov. Menos mal que en esta ocasión, la novela fue aclamada por unanimidad y quien la propuso, salvado de un castigo durísimo e interminable: la chanza perpetua. Saki bien lo sabe.

En la docena de libros comentados hasta la fecha, nos hemos enfrentado a bodrios con Nobel, autobiografías eternas, dignos Pulitzer, obras sin sustancia, clásicos reconocidos o experimentos cansinos. No siempre la unanimidad aflora, especialmente cuando la ingesta de vino afloja la garganta y se desata la lengua. Por eso la unánime alabanza de esta novela, la capacidad que ha tenido para situarnos al lado del Sueco y ser testigos de su vida, ha sido un hito histórico en la trayectoria de la Tertulia, que será recordada durante muchas citas.

Por otro lado, y aludiendo al proceso de selección de la siguiente lectura, el gran Pemán, criticó duramente el nivel medio de los títulos propuestos, algo hecho sin fundamento ninguno, especialmente cuando en esa misma cita convinimos que era probable que Pastoral americana fuese uno de los mejores títulos comentados en la ya amplia trayectoria de nuestra Tertulia. Que cada uno proponga lo que quiera, y que se atenga a las consecuencias, si es elegido.

Un dato a tener en cuenta: fue la primera de las citas en las que no pillamos ni una loncha de jamón y Don Enrique no dijo ni mu. Seguramente fue en honor al Sueco Levov.