TERTULIA 9 - 13-1-2012

Rayuela se publicó en 1963, cuando estaba exiliado en París.  Es una obra literaria clave del "boom" latinoamericano.  Se tradujo a más de 30 lenguas. 
Para que una novela se convierta en un clásico se requiere, ante todo, un comienzo definitivo, inolvidable, y Rayuela lo tiene: "¿Encontraría a la Maga?". Pero como si fuera poco, el libro que acaba de cumplir 50 años se puede empezar y terminar de distintos modos. Basta abrir el libro para encontrar el emblemático "Tablero de dirección", que advierte que "a su manera, este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros". Compuesta por 155 capítulos, el tablero propone dos formas de leer: como estamos acostumbrados, de principio a fin del libro, o saltando de una parte a la otra, siguiendo un orden discontinuo y prefijado por el autor.
Rayuela salió de la imprenta el 28 de junio de 1963, una fecha clave para la novela por la trasgresión que hizo Cortázar forzando las fronteras de los géneros. Algunos expertos consideran que con la publicación de Rayuela nació el llamado "boom" latinoamericano, al que luego se sumarían autores como Gabriel García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Fuentes.
Una novela o "contranovela", como la llegó a llamar el propio Julio Cortázar, que rompió todos los estereotipos y fronteras al exponer todas las posibilidades de la experimentación narrativa. Una especie de "collage" literario que se estructuró en 155 capítulos y podía ser leída de diferentes formas, como una clásica que acababa en el capítulo 56 y otra que empezaba en el capítulo 73 y le seguía una lectura laberíntica, como un juego de rayuela. "Ningún otro escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortázar, ni hizo del mismo un instrumento de creación y exploración artística tan dúctil y provechoso. La obra de Cortázar abrió puertas inéditas", dijo Mario Vargas Llosa.  Decenas de escritores han reconocido el efecto liberador de su lectura. En ese sentido, fue un libro fundante.
Es posible que esa cualidad anticipatoria haya contribuido para que la novela se convirtiera, con los años, en un manual de iniciación literaria. Para que este efecto funcione, la novela tiene que apelar a la identificación entre el lector y los personajes. Cuando se publica  Rayuela, la juventud, tal como la concebimos hoy, es un fenómeno cultural de invención reciente… El tiempo lo premió con la fidelidad de los jóvenes, que siguen siendo sus lectores más devotos. "Cuando lo terminé pensé que había escrito un libro de un hombre de mi edad para lectores de mi edad, y la gran maravilla es que encontró sus lectores en los jóvenes", diría unos años después el escritor.
La rayuela —el juego del "avión" para nosotros—  es un juego de chicos, una especie de talismán que nos proyecta al paraíso lúdico de la infancia. Su título no es sólo una referencia a la complejidad formal de la estructura (esa posibilidad de ir para un lado o para el otro), sino también una clara alusión a lo lúdico y lo juvenil, dos pilares de lo que conocemos por cortazariano. A medida que pasó el tiempo, el libro nunca dejó de reimprimirse, y hoy es un sostenido long seller que vende 30 mil ejemplares por año en español. Traducido a más de veinte lenguas, es una máquina narrativa que no para.
En cuanto al contenido, lo menos importante de 'Rayuela'es su trama. Pareciera que la intención de Cortázar no fue escribir una novela, sino una serie de cuentos con los mismos personajes que pudiera ser leída de cualquier manera. Para el escritor argentino la idea de escribir se acerca mucho a la idea de jugar y logra transmitir este sentimiento al lector, quien al comenzar a jugar, crea su propia novela. Cortázar lleva al lector a dos lugares distintos. La primer parte, 'Del lado de allá' narra la vida del argentino Horacio Oliveira en París, su romance con la Maga y las sesiones en el Club de la Serpiente. En la segunda parte, 'Del lado de acá' Oliveira regresa a Buenos Aires y trata sobre la relación de una pareja de amigos, Tráveler y Talita, en los que Oliveira ve reflejada su relación con la Maga. ¿Viaje hacia delante o viaje hacia atrás? El lector decide. El lector siempre decide.
Por otra parte, el lenguaje tiene toda la riqueza del propio Cortázar. Pero en esta obra, el autor toma el lenguaje y lo retuerce, lo utiliza como se le da la gana. Lo mezcla todo. Párrafos cortos pero importantes, párrafos largos que al fin y al cabo son imprescindibles, párrafos en los que se pretende que no leas nada sino que te concentres en el propio texto, rompiendo las palabras y jugando con la ortografía. La novela también está llena de frases en francés y algunos pasajes en inglés…   Finalmente, solo los grandes se atreven a violar las reglas. Con Rayuela, Cortázar las rompe todas,  una revolución para la literatura de la época. Sin duda, un clásico de la literatura universal. 
Pese a las críticas que se le puedan hacer, Rayuela sigue estando en nuestras bibliotecas, con sus armas secretas y cautivando a cada nueva generación. En algún lugar de la literatura,  La Maga y Horacio –sus protagonistas– se siguen encontrando para cazar estrellas, sepultar paraguas o suicidarse arrojándose a los ríos metafísicos. Y Talita y Oliveira siguen con insomnio jugando a la rayuela en el patio húmedo de un manicomio.

Julio Cortázar nació en Bruselas, hijo de padres argentinos. A la edad de 4 años se desplazó con ellos a Argentina, para radicarse en la provincia andina de Mendoza.
Tras completar sus estudios primarios, siguió los de magisterio y letras y durante cinco años fue maestro rural. Pasó más tarde a Buenos Aires, y en 1951 viajó a París con una beca. Concluida ésta, su trabajo como traductor de la Unesco le permitió afincarse definitivamente en la capital francesa.
Por entonces Julio Cortázar ya había publicado en Buenos Aires el poemario Presencia con el seudónimo de «Julio Denis», el poema dramático Los reyes y la primera de sus series de relatos breves, Bestiario, en la que se advierte la profunda influencia de Jorge Luis Borges.
La literatura de Cortázar parte del cuestionamiento vital, cercano a los planteamientos existencialistas, en obras de marcado carácter experimental, que lo convierten en uno de los mayores innovadores de la lengua y la narrativa en lengua castellana. Como en Borges, sus relatos ahondan en lo fantástico, aunque sin abandonar por ello el referente de la realidad cotidiana, por lo que sus obras tienen siempre una deuda abierta con el surrealismo.
Para Cortázar, la realidad inmediata significa una vía de acceso a otros registros de lo real, donde la plenitud de la vida alcanza múltiples formulaciones. De ahí que su narrativa constituya un permanente cuestionamiento de la razón y de los esquemas convencionales de pensamiento.
El instinto, el azar, el goce de los sentidos, el humor y el juego terminan por identificarse con la escritura, que es a su vez la formulación del existir en el mundo. Las rupturas de los órdenes cronológico y espacial sacan al lector de su punto de vista convencional, proponiéndole diferentes posibilidades de participación, de modo que el acto de la lectura es llamado a completar el universo narrativo.
Tales propuestas alcanzaron sus más acabadas expresiones en las novelas, especialmente en Rayuela, considerada una de las obras fundamentales de la literatura de lengua castellana, y en sus cuentos, entre ellos Casa tomada o Las babas del diablo, ambos llevados al cine, y El perseguidor, cuyo protagonista evoca la figura del saxofonista negro Charlie Parker.
Muy pronto, Julio Cortázar se convirtió en una de las principales figuras del llamado «boom» de la literatura hispanoamericana, y disfrutó del reconocimiento internacional. A su sensibilidad artística sumó su preocupación social: se identificó con los pueblos marginados y estuvo muy cerca de los movimientos de izquierdas.
En este sentido, su viaje a Cuba en 1962 constituyó una experiencia decisiva en su vida. Merced a su concienciación social y política, en 1970 se desplazó a Chile para asistir a la ceremonia de toma de posesión como presidente de Salvador Allende y, más tarde, a Nicaragua para apoyar al movimiento sandinista. Como personaje público, intervino con firmeza en la defensa de los derechos humanos, y fue uno de los promotores y miembros más activos del Tribunal Russell.
Como parte de este compromiso escribió numerosos artículos y libros, entre ellos Dossier Chile: el libro negro, sobre los excesos del régimen del general Pinochet, y Nicaragua, tan violentamente dulce, testimonio de la lucha sandinista contra la dictadura de Somoza, en el que incluye el cuento Apocalipsis en Solentiname y el poema Noticias para viajeros. Tres años antes de morir adoptó la nacionalidad francesa, aunque sin renunciar a la argentina. Murió en París el 12 de febrero de 1984.

Crónica de la novena tertulia celebrada el 13 de enero de 2012 en casa de Teócrito. Escrita por Tiquis

Destacado.
¡Y la familia aumentó! y no precisamente por alumbramiento originado por algún tertuliano - por mas que alguno quisiera presumir de ello-. De lo acontecido en esta tertulia éste fue uno de los dos hechos más agradables.  Del otro, léase mas abajo, seguro que dentro de unos años, meses o incluso ahora mismo, recordaremos el momento con las ganas de decirnos ¡quien pudiera volver a tener la oportunidad de ponerlos, usarlos y quitarlos!
El lugar.
La nueva casa de Teócrito, ubicada en el famoso lugar conocido como “La Fontana”, donde para llegar a la suya es necesario usar GPS. Con su bodeguita, su chimenea, su cuadrito encima de la chimenea, la leña,… que ‘potito’. Calentitos si que quedamos, pero dando vuelta y vuelta para no tostarse sólo por un lado. Y fuera una rasca de las gordas.
Los nuevos tertulianos.
Primera impresión… avasalladora. Llega un tío,  reconocido como ALA,  que se presenta con proyector incluido… ¡vaya preparación, que presentación, una ponencia sobre Cortazar y Rayuela con montaje audiovisual y todo!
Y que decir de Silverio…  que también llegó muy preparado… ¡para pasar un buen rato! y ayudar a dar cuenta del buen vino y jamón que ya es plato necesario en estas reuniones.
La otra sorpresa.
Presentación y entrega del traje oficial de tertulianos de Añover.
Pemán, Pemán… está en todo. Llegó a la conclusión de que este grupo de personajes dispares debería tener algo que los identificase. Un material que nos uniese y representara los deseos íntimos y comunes (incluso diríase que lascivos); los que de forma recurrente aparecen en las reuniones, casi siempre por los comentarios de algunos…
Que detalle, que lujo, que variedad para que cada uno utilizase el mas acorde con su personalidad. Que acierto, que presentación,… que pena que sólo se tenían cinco. Los nuevos tendrían que esperar a su graduación.
Finalmente, y como el sentido común indicaba, los fasihon-tangas fueron asignados a los tertulianos que mejor uso podrían darle. Pregunten, pregunten… aunque otra cosa es que los aludidos respondan.
El libro.
Rayuela, de Julio Cortázar. No pudo ser de otra manera, la ‘confrontación’ entre los tertulianos fue enconada. Que si libro de culto, que si libro para no llegar ni a terminarlo, que si yo lo quise leer de joven y lo dejé, que si Cortázar es un vividor,… pero Pemán tenía preparada una disertación aplastante ¡30 folios! para desmontar el mito y de paso ¿tocar la moral de Teócrito? (aunque lo peor llegará en la próxima tertulia… el “Deseo” de venganza lo pagaríamos todos).
De todo quedó que Rocamadour es el único personaje que se salvó de la quema.
De la selección del siguiente libro a leer: si, si… “El Deseo” de Elfriede Jelinek fue el libro con mayor votación en el  “secreto y democrático” estilo de Añover. Como se nota la edad,  que la sola sugerencia de algo ‘sexual’ nos encandila, ofusca el entendimiento…
La cena.
¡Qué bueno el guiso de rabo de toro!  Con esta apreciación ya podeis imaginar las botellas que fueron cayendo.
Del resto de la noche… que cada uno recuerde como transcurrió la suya.
¡Hasta la próxima!