| TERTULIA 37 - 30-11-2018 |
La novela narra la historia del año y medio de la vida de un adolescente judío de origen húngaro en diversos campos de concentración nazis (experiencia que el autor vivió en propia carne), Sin destino no es, sin embargo, ningún texto autobiográfico. Con la fría objetividad del entomólogo y desde una distancia irónica, Kertész nos muestra en su historia la hiriente realidad de los campos de exterminio en sus efectos más eficazmente perversos: aquellos que confunden justicia y humillación arbitraria, y la cotidianidad más inhumana con una forma aberrante de felicidad. Testigo desapasionado, Sin destino es, por encima de todo, gran literatura, y una de las mejores novelas del siglo XX, capaz de dejar una huella profunda e imperecedera en el lector.
Imre Kertész (Budapest, 1929)En el año 1944 en plena guerra mundial, con sólo 14 años fue deportado al campo de concentración de Auschwitz por su origen judío, para luego ser enviado a Buchenwald. Allí, Kertész dijo ser un trabajador de 16 años, con tal de salvarse de la muerte a causa de su edad. Al ser liberado al finalizar la guerra, volvió a Budapest, terminó la escuela secundaria, para luego trabajar como periodista y traductor, no sin haber pasado antes por muchas dificultades. Tras su trabajo de periodista comenzó a escribir piezas teatrales y guiones cinematográficos, al tiempo que desarrollaba una importante carrera como traductor. A partir de su primer libro, Sin destino (1975), su obra ha estado atravesada por una profunda interrogación ética sobre la que planea la sombra de los totalitarismos del siglo XX. En 2002, recibió el Premio Nobel de Literatura. Entre sus obras destacan Kaddish por el hijo no nacido (1990), Sin destino (1975), Yo, otro (1997), Fiasco (1988), Liquidación (2003), La bandera inglesa (1991), Diario de la galera (1992), Un relato policíaco (1977). Murió en Budapest en 2016,
Crónica de la 37ª tertulia celebrada el 30 de noviembre de 2018 en Restaurante Montero. Escrita por Gran Timonel.
Nos subieron al ático, más que para nuestra comodidad, para evitar escándalos, máxime teniendo en cuenta de que allí, en un rincón, estaba plantada una batería con todos sus elementos. Lista para que cualquier descerebrado se sentara en la banqueta, se apoderara de las baquetas y comenzara a aporrear sin ton ni son los diferentes elementos de la batería. Lo que intuí, se cumplió. Afortunadamente solo al final de la cena, ya algo cargados de vino y sin que los decibelios produjeran escándalo alguno.
En los comentarios sobre el libro hubo unanimidad. Sin que pudiera decirse que es de los mejores que han pasado por la Tertulia, sí puede destacarse que la novela encierra grandes virtudes en cuanto a la temática, el desarrollo de la misma y especialmente la forma de narrar las peripecias de un joven húngaro en un campo de concentración nazi. No faltó ninguno de los contertulios habituales. Y después de salir del Montero, algunos fuimos al Tio Vivo a tomar la última.