TERTULIA 26 - 1-4-2016

“Almas muertas” es una espléndida novela por muchas razones, pero se me ocurre una que puede ser fundamental: su modernidad; de hecho, en casi todos los manuales de literatura se la califica como la primera novela moderna en ruso. No es que uno esté siempre de acuerdo con los manuales, pero en este caso la lectura del libro confirmará esa afirmación. La novela es moderna en un sentido estricto: por sus personajes, por su trama, por su narrativa. Mientras se lee, se puede olvidar fácilmente que se escribió hace casi dos siglos y que el romanticismo aún coleaba con fuerza en Europa. Gógol concibió una obra que muestra lo nauseabundo de la sociedad rusa (y, por qué no, de casi cualquier sociedad) a través de una historia que se desarrolla con agilidad. Porque la trama del libro, lejos de ser accesoria (algo que muchas veces ocurre cuando se priman otros aspectos de la escritura), es un elemento importante, puesto que tiene ciertos elementos de intriga y su explicación se demora con mucha maestría por parte del autor.

En “Almas muertas” se cuenta la historia de Pável Ivánovich Chíchikov, un personaje misterioso que llega un buen día a la ciudad de N. para emprender un negocio oscuro y desconcertante. Entabla relaciones con los hombres más importantes del lugar y les hace una extraña oferta: comprarles los campesinos ya fallecidos para evitarles el pago de sus impuestos a la administración. Algunos propietarios reaccionarán favorablemente ante la oferta, otros no, pero la duda no desaparece: ¿para qué necesita Chíchikov esas almas muertas?

La resolución de esa pregunta no es el quid, ni mucho menos, del libro, pero contribuye de forma notable a crear cierta atmósfera inquietante alrededor del protagonista y sus acciones. Por supuesto, como muchos compatriotas suyos, Gógol consigue retratar unos caracteres humanos formidables: desde el mismo Chíchikov, noble en sus maneras, mezquino en sus pensamientos, pasando por el cochero Selifán, borrachín y mentiroso, hasta Nozdriov, contumaz trapacero y juerguista. Sería largo enumerar aquí otros personajes, pero queda uno impresionado por la vivacidad que la pluma del escritor otorgó a todos ellos y la familiaridad con que me los representaba mientras devoraba las páginas. Confieso que yo esperaba encontrar en “Almas muertas” unos seres a lo Dostoievski, atormentados y repletos de contradicciones, pero los personajes de Gógol son más bien caricaturas, muestras humorísticas de tipos sociales seguramente existentes, pero deformados por la visión inmisericorde del escritor. En ese sentido, más que memorables por su idiosincrasia, los protagonistas de esta novela se hacen imprescindibles por su manera de encarar las situaciones, por sus comportamientos ante los problemas.

Nikolai Vasilievich Gogol nació en Sorochintsi, actual Ucrania, 1809 y murió en Moscú, 1852. Hijo de un pequeño terrateniente, a los diecinueve años se trasladó a San Petersburgo para intentar, sin éxito, labrarse un futuro como burócrata de la administración zarista. En 1831 se incorporó como profesor de historia a la universidad, donde conocería a Pushkin.

De su colaboración regular con distintas publicaciones nacieron las Veladas en la finca de Dikanka (1831-1832), que constituyeron un enorme éxito y lo llevaron, en 1835, a abandonar la universidad para centrarse definitivamente en la literatura. Ese mismo año publicó Mirgorod y Arabescos, que suponían su paso al realismo crítico. Mirgorod es una continuación de las Veladas y contiene cuatro relatos, entre ellos el poema épico Taras Bulba.

En 1836 publicó la comedia El inspector, una sátira de la corrupción de la burocracia que obligó al escritor a abandonar temporalmente el país. Instalado en Roma, en 1842 escribió buena parte de su obra más importante, Almas muertas, donde describía sarcásticamente la Rusia feudal. También en ese año publicó El abrigo, obra que ejercería una enorme influencia en la literatura rusa. Después de una corta estancia en Moscú, y de regreso en Roma, empezó a escribir la segunda parte de Almas muertas.

Una profunda crisis espiritual le llevaría, en 1848, a peregrinar a Jerusalén. En los últimos años de su vida escribió artículos; en los Fragmentos escogidos de la correspondencia con los amigos (1847) defiende la religión ortodoxa. Al borde de la locura, poco antes de morir quemó el manuscrito de la segunda parte de Almas muertas. Gogol marcó el inicio de la tradición realista en la literatura rusa.


Crónica de la vigésimosexta tertulia celebrada el día 1 de abril de 2016 en el Lígrimo. Escrita por el Galeno.

La reunión se celebró en el Lígrimo (del latín legitimus; que entre otras entradas en el diccionario de la RAE hace alusión a : puro o libre de mezclas)  -antiguo Bodegón- situado en las escaleras de Ochavo junto a la Plaza Mayor (lugar donde existió un célebre quiosco de madera desde principios de siglo XX , que fue quemado durante revuelta política en 1930 y que su propietario decidió reconstruir pero en hierro y que apareció en una escena de Octavia película dirigida por Basilio Martín Patino , por el que han llegado a pasar ilustres personajes como Charlon Heston, amén de varias generaciones de niños).
El lugar que nos reservaron era bastante intimista y animaba a la escenificación artística. Tras la elección de un vino de Toro por parte de nuestros expertos, “Madremía” con un jabalí en la vitola, comenzamos el orden del día según directrices del Gran Timonel. La elección del próximo libro transcurrió sin grandes sobresaltos, con un acuerdo bastante mayoritario, y tras las promesas eternas de conclusión de tareas pendientes, se procedió a la tertulia en sí misma sobre el libro que nos ocupa.
La opinión general es que el libro era magnífico, el padre de la novela moderna rusa (del que han bebido autores afamados como Tolstoi o Dovstoieski entre otros). Un estilo sencillo que hace fácil su lectura. Un ritmo regular cadencioso y una temática variada sobre personajes, paisajes, costumbres y rasgos característicos de la Rusia de finales del XIX. Pero el autor va más allá y es capaz de transmitirnos un legado moral en cada escena, siempre sin acritud hacia sus personajes –todos salen bien parados- a pesar de ser todos criticados-. Algunos de sus párrafos fueron seleccionados por alguno de los contertulios y fueron leídos para regocijo de todos.
La cena estuvo salpicada de otras interpretaciones artísticas de gran mérito: Teócrito instigador constante y memoria prodigiosa, consiguió arrancar de Llou un momento memorable recitando –con mucho arte y gran destreza- varios poemas de Machado (incluso al alimón), Gran Timonel y el Mando se animaron con algunos fragmentos más rancios – romances del Cid- pero no por ello de menos erudición y destreza, el Galeno y Varou expectantes y levantando acta de una reunión como siempre entretenida, participativa y para algunos inménsamente enriquecedora.
Finalizando la degustación gastronómica propiamente dicha, se llegaron a tratar temas de envergadura como la visita-peregrinaje-viaje cultural-ida de olla a San Baudelio de Berlanga en Soria, que entre alusiones históricas y risotadas etílicas nos hizo pasar otro rato inesperado.
Sin más asuntos que tratar, se emplazó a los miembros de la Tertulia a la próxima reunión. En fecha concreta pero lugar por decidir, y será el destino, el que lo decida porque propuestas nunca faltan.

PD: San Baudelio (Equivalente a Baudilio, del griego significa “Aquel inasequible al desaliento” y su fecha onomástica es el 20 de Mayo

 

1 de Abril de 2016