TERTULIA 16 - 18-10-2013

Una obra que se construyó a lo largo de casi cuarenta años y que se ofrece como un canto a la vida, a la libertad, al yo, a la belleza, a la poesía... Fruto de una época y de un lugar -la Norteamérica del siglo XIX-, este gran poema épico nace y crece con la intención de definir al hombre y a la nación americana frente al dominio cultural anglosajón, y su polémica ruptura, formal y conceptual. Este volumen ofrece por primera vez íntegra la mítica Primera edición de 1855, esencia de Hojas de Hierba, y una selección de los mejores poemas que engrosaron las sucesivas ediciones.

Walt Whitman nació en West Hill en 1819, hijo de madre holandesa y padre británico, fue el segundo de los nueve vástagos de una familia con escasos recursos económicos. Pasó sólo ocasionalmente por la escuela y pronto tuvo que empezar a trabajar, primero, y a pesar de su escasa formación académica, como maestro itinerante, y más tarde en una imprenta.
Allí se despertó su afición por el periodismo, interés que le llevó a trabajar en varios diarios y revistas neoyorquinos. Nombrado director del Brooklyn Eagle en 1846, permaneció en el cargo sólo dos años debido a su disconformidad con la línea abiertamente proesclavista defendida por el periódico. Su afición por la ópera (género que influyó enormemente en su obra poética) le permitió coincidir en una noche de estreno con un dirigente del periódico de Nueva Orleans Crescent, quien lo convenció para que dejara Nueva York y aceptase una oferta para trabajar en el diario.
Durante el viaje hacia al Sur, que emprendió en 1848, tuvo la oportunidad de contemplar una realidad, la de provincias, para él totalmente desconocida y que, en definitiva, sería decisiva para su carrera futura. Por todo este conjunto de experiencias, cuando regresó a Nueva York, unos meses después, abandonó el periodismo y se entregó por completo a la escritura.
La primera edición de su gran obra, sin embargo, no vio la luz hasta 1855. Esta primera edición de Hojas de hierba (Leaves of grass) (habría otras ocho en vida del poeta) constaba de doce poemas, todos ellos sin título, y fue el propio Whitman quien se encargó de editarla y de llevarla a la imprenta. De los mil ejemplares de la tirada, Whitman vendió pocos y regaló la mayoría, uno de ellos a Ralph Waldo Emerson, importante figura de la escena literaria estadounidense y su primer admirador. Su crítica, muy positiva, motivó a Whitman para seguir escribiendo, a pesar de su ruinosa situación económica y de la nula repercusión que, en general, habían tenido sus poemas.
Al año siguiente apareció la segunda edición y, cuatro años más tarde, la tercera, que amplió con un poema de presentación y otro de despedida. La noticia de que su hermano George había sido herido, al comienzo de la Guerra Civil, le impulsó a abandonar Nueva York para ir a verle a Fredericksburg. Más tarde se trasladó a Washington D.C. donde, apesadumbrado por el sufrimiento de los soldados heridos, trabajó voluntariamente como ayudante de enfermería. Tras el fin de la contienda, se estableció en Washington, donde trabajó para la Administración. Allí publicó varios ensayos de contenido político, en los cuales defendía los ideales democráticos, pero rechazaba el materialismo que, a su juicio, impregnaba la vida y las aspiraciones de la sociedad estadounidense.
Aquejado de varias enfermedades, en 1873 se vio obligado a abandonar Washington y trasladarse a Camden, en Nueva Jersey, donde permaneció hasta su muerte. Dedicó los últimos años de su vida a revisar su obra poética, y a escribir nuevos poemas que fue incluyendo en las sucesivas ediciones de Hojas de hierba.
Whitman fue el primer poeta que experimentó las posibilidades del verso libre, sirviéndose para ello de un lenguaje sencillo y cercano a la prosa, a la vez que creaba una nueva mitología para la joven nación estadounidense, según los postulados del americanismo emergente. El individualismo, los relatos de sus propias experiencias, un tratamiento revolucionario del impulso erótico y la creencia en los valores universales de la democracia son los rasgos novedosos de su poética; en línea con el romanticismo del momento, propuso en su poesía una comunión entre los hombres y la naturaleza de signo cercano al panteísmo. Tanto por sus temas como por la forma, la poesía de Whitman se alejaba de todo cuanto se entendía habitualmente por poético, aunque supo crear con los nuevos materiales momentos de hondo lirismo.

Crónica de la decimosexta tertulia celebrada el 18 de octubre de 2013 en la cafetería Erasmus. Escrita por Pemán

La bombona de butano ha ganado por la mano
                                                                                             o también…               
Baco atacó de nuevo

Poema neoépico en cuatro actos
Los indicios.
El debate.
La comanda.
El remate.

Y un epílogo
Que propone una moción,
que sin mayor dilación
debería ser aprobada
por total aclamación.

Walt Whitman  Hojas de hierba (Leaves of Grass, en inglés) (1855)  


Primer acto


LOS INDICIOS
Dos mil trece, octubre,
iluminan El Erasmo varias ubres,
hojas de hierba flotan sobre la mesa,
nubarrones se ciernen en capa espesa.

La tarde empieza tranquila,
mas desde el primer instante
ya se aprecia en el ambiente
que hay indicios inquietantes

I
Al pasar bajo el dintel de la puerta principal,
Pemán ve
diez plaquitas del Ruotier,
fijo, el turisqueo está presente,
malo, malo, burger, pizza y pasta al dente.

II
Como es costumbre en Don Gin, inquieto,
el faldón de la mesa parece que le está prieto.
No es capaz de hallar el modo
de encontrar en acomodo.

III
El Mando y ALA galantes,
con cinco horas por delante,
se meten en la hornacina
prietos como dos sardinas.

IV
Domínguez, ejerciendo de abogado,
al teléfono pegado
deja la tertulia al lado.
Con la gente indiferente
pensando en las preferentes.
El Mando ya cabreado
ordena con voz potente;
Pemán, quítale eso y dale un palo.

V
¿Y Luciano?,
como siempre,
feliz como una lombriz
disfrutando del ambiente.

VI
Del séptimo tertuliano
no hay indicio,
pero ya veremos luego
la reencarnación del vicio.

Segundo acto


EL DEBATE
Lo manda la tradición,
se inaugura la sesión
con el vino y el jamón.

El vino se llama orgasmo.
En el ambiente,
latente,
Erasmo.

Colgado de la pared,
el gran humanista,
no pierde nada de vista
y piensa a su vez;

“este necio tabernero,
para sacar más dinero
rima Erasmo con orgasmo
y lo pone en la botella, ¡será asno!”.

El debate
no tuvo mucho tomate,
tal vez al americano
no conquistó al castellano,
la causa la vio Luciano;
“le falta métrica y rima
por eso a mí me rechina”.

Y se aprueba una moción
por total aclamación;
que en poesía,
España ya tuvo un genio de nombre José María,
auténtico supermán
que se apellidó Pemán,
pues,
¿qué interés puede tener
hojas de hierba leer?

Mejoró mucho el debate
el hablar de geografía;
el mal de Mallorca lo expuso José María,
y ALA comentó el viaje “Penetrando por la china”
y atina,
pues el contertulio gusta de esas cosas poco finas.

Y en estas nos encontramos,
con la botella ya triste,
con las copas en las manos,
suplicado más alpiste,
cuando aparece Lolita que propone;
“dos en una que es mejor”,
asentimos,
craso error.

Y al llegar con la botella
agarrada en las dos manos,
apreciamos,
la bombona del butano.

Y aplaudiendo, el tertuliano
dice ufano;
vale, vale ésta es mejor,
craso error.

En el momento presente,
de pronto, surge el ausente,
tenemos la gasolina
y la chispa ya está encima.

Tercer  acto


LA COMANDA
Lolita la pizpireta,
enseñando el canalillo entre dos tetas bien prietas,
piensa para sus adentros;
a estos frikis mocetones
yo voy a recomendarle… chuletones:
- lo expone,
- al unísono asentimos,
- al volver de la cocina, lo sentimos,
- la jodimos.

Y mientras esto sucede, estalla la gasolina,
¿y el de la barba?
menuda carga que tiene encima,
le achucha, le apachurra,
con la diestra le coge la churra,
con la siniestra la criadillas
y le dice;
letrado, que te apuestas a que chillas.
Ay, ay, ay.
Ja, ja ja ja.

Y de repente, brinca sobre la silla haciendo el Tancredo
y Teo;
“no doy crédito a lo que veo”.

Utilizando la punta del cuchillo
a modo de palillo,
aporrea el platillo que cubre la bombilla,
la lámpara se menea,
se tambalea,
ora brilla, ora no brilla.

¿Y qué piensa el timonel?
“No habrá mejor ocasión
de que aprenda la lección
el bebedor de Añover,
que tendrá ocasión de ver
como el efecto del vino
hace perder el buen tino”

Y vuelve la pizpireta que aconseja la hamburguesa;
pues que traiga siete de esa,
al volver de la cocina, lo sentimos,
nuevamente la jodimos.
Mas consuela al tertuliano;
no hay dos sin tres hermanos,
y entre las manos
nuevamente, bombona del butano.

Y ahora…
si que la jodimos de verdad,
el de Zamora,
y no es mendaz,
desvaría como no hay nadie capaz.

Otra vez la pizpireta,
que sin ton ni son,
empieza a hacer un montón
de platos sobre la mesa.

Una comida fusión;
morcilla con chipirón.
Taquitos de torreznitos.
El bacalo
que lo pone justo al lado
del lomo adobado.
Y filetes al minuto,
finos, cono el papel de un canuto.

Lejos quedó el chuletón,
lejos quedó la hamburguesa,
que cada cual haga presa
del inmenso mogollón
que al alcance de la mano
tiene el triste tertuliano.

Cuarto  acto


EL REMATE
El milagro al fin se obró.
La mano en la faltriquera
de allí sacó la cartera
y tiquis eyaculó.

Hojas de hierba sobre la mesa
regadas con vil dinero,
decirme para que os quiero
si no es por amor princesa.

Y ese amor del dinero hacia las hojas es la poesía
que aquí nadie comprendía,
y que Whitman escribió,
y tiquis nos explicó
con genial,
ceremonial pecunial.

Y ahora…,
ya no vemos el momento
de dejar tranquilo a Erasmo,
porque con tanto orgasmo
hemos perdido el aliento.

Ahuequemos cuanto antes
porque si sigue este trance,
habrá que buscar un Iluminado
que nos asista como abogado.

Epílogo
Advierto.
Si seguimos donde vamos
puedo asegurar hermanos
que los siete tertulianos,
acabamos,
rodeados de barrotes
por no ser tragavirotes.

Este cronista propone
en la próxima sesión
aprobar una moción:

“que al vino y al jamón
lo sustituya la leche con mojicón”.

Cronista: Pemán II
En el año del Señor 2013