Se ha hablado mucho de la dificultad de llevar a la pantalla ciertas obras literarias. Un dicho popular nos dice que una imagen vale más que mil palabras, lo que es cierto en multitud de ocasiones. Sin embargo, en otras, ni una serie por episodios que sumen muchas horas de imágenes, pueden llegar a expresar lo que se lee en un solo capítulo de una novela. Todo es cuestión de la dificultad para trasladar los conceptos de un lenguaje a otro, a veces tan similares, a veces, tan distintos.
William Faulker no es un escritor fácil de leer. Salvo para algunos de los habitantes del pueblo de la película, “Amanece que no es poco” que sienten verdadera devoción por el citado autor. El caso es que en los años en los que la producción cinematográfica de Holywood crece de forma fulgurante, son muchos los escritores de renombre que son llamados a prestar su colaboración en la ingente tarea de crear historias para llevarlas a la gran pantalla. La fábrica de sueños necesita materia prima para continuar su masiva producción y se necesitan historias y escritores que las plasmen en un guión cinematográfico. William Faulkner fue uno de los llamados. Un autor de reconocido prestigio, de lectura complicada, que firmó como autor, guionista y coguionista, grandes clásicos de Holywood. La primera adaptación cinematográfica de una obra de Faulkner es “Secuestro”. La película, producida en 1933 se basa en la novela Santuario, escrita dos años antes.
También en 1933, se estrena “Vivamos hoy", interprestada por dos actores del Star System que comenzaban sus carreras, Gary Cooper y Joan Crawford. La dirección recaía sobre un director con el que construiría un tándem aclamado por la crítica: Howard Hawks. La historia toma como base un relato de Faulkner “Turn about” publicado en el Saturday Evening Post en marzo de 1932. La película se tituló “Vivamos hoy”.
En 1936 y también de Howard Hawks, se presenta “El camino de la gloria”, película de ambiente bélico centrada en la primera guerra mundial en cuyo guión, además de William Faulkner, participaron otros guionistas. “Redención” de 1937 dirigida por Tay Garnett película con guión de Faulkner en el que desarrolla una historia de un barco de transporte de esclavos. “Gunga Din” de 1939 dirigida por George Stevens colaborando William Faulkner en el guión que se basa en una obra de Rudyar Kipling ambientada en la India colonial.
En 1944 se estrena una película mítica, “Tener y no tener” de Howard Hawks, basado en la novela de Ernest Hemingway y que Faulkner adapta para convertirla en una de las mejores muestras del cine negro del Holywood clásico. En esta película se encuentra por vez primera una de las parejas cinematográficas más famosas del cine: Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Jean Renoir, el grande del cine francés, en su incursión en Holywood huyendo de la guerra en Europa, estrena en 1945, “El sureño” donde cuenta con la colaboración en el guión de William Faulkner. La película se centra en las plantaciones de algodón del sur de Estados Unidos que tan bien conoce el guionista.
Ese mismo año, 1945, vuelve a repetir un poker de ases: Hawks, Faulkner, Bacal y Bogart en otro tículo mítico del cine negro “El sueño eterno” Basada en la obra de Raymond Chandler, Faulkner, ayudado por otros dos guionistas convirtieron la primera novela del autor en un clásico del cine
Hay que decir que William Faulkner era un guionista cinematográfico inconsistente. Bebía en exceso y generalmente necesitaba la ayuda de otros escritores que suplieran sus numerosas ausencias durante los rodajes.
Pocos años antes de su muerte, una de sus novelas más aclamadas es llevada al cine: El ruido y la furia. En este caso, Faulkner no participa en el guión y es el matrimonio formado por Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch, equipo de expertos guionistas, los que tratan de ordenar el rompecabezas de la novela al objeto de intentar dar al argumento una continuidad cinematográfica. El ruido y la furia es una novela compleja. Su estructura, sin orden cronológico lineal y narrada por distintos personajes hace que llevarla al cine sea una apuesta extremadamente arriesgada. El director, Martin Ritt, artista comprometido y alejado del prototipo de director de estudio, intenta trasladar al lenguaje cinematográfico el enrevesado mensaje que encierra la novela. Sin embargo, bien sea por propia iniciativa o por imposición del estudio, el argumento se dulcifica y los personajes se muestran con una integridad moral algo más positiva que la que se refleja en la novela. La película, estrenada en 1959, tres años antes de la muerte del autor, no tuvo gran éxito en la taquilla y pese a la calidad del equipo artístico, con el prestigioso Martin Ritt a la cabeza, el matrimonio de guionistas y la pareja protagonista, Yul Briner y Joanne Woodward, no consiguió que la crítica reconociera la cinta como una obra de calidad.
La novela de Faulkner repitió versión en 2014. Una nueva película firmada por el director James Franco, que también participa en el reparto, seguidor confeso del autor. En esta ocasión, el director se centra más en su particular mirada de la obra, desviándose del argumento original de la novela y suavizando ciertos aspectos que le permitan dar a la película una pátina poética de la que carece la obra literaria.

La constante lucha por intentar plasmar en imágenes ciertas novelas no cesa. En algunos casos, con notable éxito, en otros, un fracaso sin paliativos. Sin embargo, cuando una novela cautiva a un cineasta resulta inevitable que éste piense de qué forma puede llevarse a la pantalla, de qué manera puede convertir en imágenes lo que se describe con palabras impresas. Con El ruido y la furia ya lo han intentado dos veces. ¿Habrá otros intentos?